Estamos convencidos que enseñar es la mejor forma de aprender.

Por eso, como nos encanta aprender, también nos apasiona enseñar.

Pero no enseñamos cualquier cosa. Enseñamos lo que creemos.

Y para que veas que no somos unos improvisados con esto, te contamos otra historia donde vas a entender porqué nos gusta tanto enseñar.

Ahí va, contada también por mí (Norberto).

En el estudio de mi familia todos los sábados (sí trabajaba los sábados, y durante bastante tiempo incluso abría yo el estudio) hacía capacitaciones para «los chicos de sueldos».

No eran optativas, me tenían que fumar en pipa, a mí y a mi rotafolio del demonio.

Les explicaba temas prácticos: vacaciones, algún convenio, jornada de trabajo, etc.

Un día una de las chicas me sugiere amablemente: – «¿Nunca pensaste en dar clases en la facultad?»

Lo que también pensaba pero no me dijo era algo así:

– Así nos dejás de romper las guindas a nosotros y despuntás el vicio con otros infelices mortales.

Parece casualidad (no lo fue), pero al tiempito viene al estudio un ex profesor mío, hoy amigo, a consularme por unos clientes suyos, a su vez clientes de la distribuidora, la empresa familiar.

Cuando se estaba yendo me tira: – Vos que te dedicás a laboral: asumió el nuevo titular de la cátedra y necesita gente. Escribile.

Y me dejó escrito el correo al dorso de una nota de pedido.

A los días, acomodando unos papeles, aparece delante mío el correo. Pienso unos minutos. Y escribo.

Estimado Nicolás, mi nombre es Norberto Lovero, bla, bla, bla…

A la semana siguiente me estaba presentando con el resto de los profesores.

Había varios que venían hacía rato en la cátedra. Y después estaba yo. El recién llegado.

Caí bien. Mi primera intervención en la reunión de cátedra fue haciendo una analogía entre dos artículos de la ley que me sabía casi de memoria.

Me miraron todos, y se miraron entre ellos disimuladamente preguntándose algo así como: -«¿y este tapado de dónde salio?»

Nicolás orgulloso, como diciendo: – Mirá la incorporación que metí.

Y así arrancó mi pasión con esto de transmitir conocimientos. Y jamás paró. Sólo se intensificó.

Clases en grado, en posgrado, en extensión, seminarios, charlas, formaciones…

En el primer concurso, cuando termnié de exponer el tema que me tocó, uno de los jurados me preguntó dónde tenía que pagar.

No entendí la pregunta. Hasta que me felicitó y entre aplausos me dijo que tenía el nivel de pofesores de muchos años de trayectoria.

En un par de años ya era profesor adjunto, y en 2025 quedé a cargo de la titularidad.

Pero desde que Sole arrancó en HABERES y la refundamos, empecé a insistirle con que tenía que ser profesora ella también.

Tenía mucho para enseñar. Y le veía pasta.

Menos mal que me hizo caso, y le hizo caso a su propósito vital.

Se sumó a la cátedra y, como era lógico, hoy es la jefe de trabajos prácticos.

Puro mérito y dedicación.

Mucho mejor docente que yo, y eso que dicen que hago las cosas bien.

Desde hace años nos dedicamos a enseñar, y seguimos aprendiendo, capacitándonos.

Nos encanta enseñar, pero más aprender.

También varios de los que hacen HABERES hoy son profes.

La clave está en que enseñamos lo que hacemos todos los días.

Y hacemos todos los días lo que enseñamos.

Es un círculo virtuoso.

No sabemos mucho porque somos profesores. Es al revés: somos profesores porque sabemos mucho.

(Parece un juego de palabras pero si lo leés tiene sentido, al menos para nosotros)

Y como no podía ser de otra manera, también enseñamos fuera del ámbito académico.

Damos cursos específicos para lo que sabemos que necesitan quienes se dedican a esto.

Sobre temas que muchas veces no se enseñan en la universidad o que después en la práctica la realidad cambia.

Así que…

Si querés saber más sobre nuestros cursos y formaciones, y capacitarte con gente que sabe de veras de lo que enseña, mandanos este formulario completo y te contamos cómo seguir: